Colombia, marzo de 2026
Diversos estudios científicos y sociedades médicas coinciden en que dormir mal no solo deteriora la calidad de vida, sino que incrementa de forma significativa el riesgo de desarrollar enfermedades crónicas como hipertensión arterial, diabetes tipo 2, obesidad, arritmias y accidente cerebrovascular. En el marco del Día Mundial del Sueño, el Hospital San Vicente Fundación Medellín hace un llamado a reconocer el descanso como un pilar esencial de la salud, al mismo nivel que la alimentación y la actividad física.
Según la Sociedad Colombiana de Cardiología y Cirugía Vascular, el síndrome de apnea-hipopnea obstructiva del sueño (SAHOS) tiene una estrecha relación con la obesidad —una condición en crecimiento a nivel global—, lo que anticipa un aumento sostenido en su prevalencia. Sin embargo, su impacto trasciende el exceso de peso, ya que la evidencia lo reconoce como un factor independiente de riesgo cardiovascular, especialmente por su efecto sobre la presión arterial y la mayor probabilidad de desarrollar fibrilación auricular y otras arritmias. El estudio internacional The Sleep Heart Health Study demostró que las arritmias ventriculares complejas son mucho más frecuentes en personas con trastornos respiratorios del sueño que en la población general (25% frente a 14,5%), lo que confirma su relevancia clínica y su potencial impacto en la salud pública.
“Los trastornos respiratorios del sueño son mucho más frecuentes de lo que imaginamos en pacientes que han sufrido un accidente cerebrovascular o un ataque isquémico transitorio. Están presentes entre el 32 % y el 63 % de los casos, y esta asociación no solo incrementa la mortalidad, sino que se relaciona con peores desenlaces funcionales después del evento neurológico. Esto ocurre porque el sueño es un proceso biológico de reparación: durante la noche el cerebro activa mecanismos de limpieza de metabolitos acumulados en la vigilia, como el beta-amiloide, vinculado con enfermedades neurodegenerativas. Cuando la calidad del sueño se altera —ya sea por insomnio o por apnea— se genera una desregulación cardiometabólica que puede favorecer o agravar hipertensión, diabetes y enfermedad cardiovascular. Dormir mal no es un detalle menor, es un factor que impacta de manera directa el pronóstico y la salud a largo plazo”, afirma la doctora Johana Valderrama, neuróloga clínica del Hospital San Vicente Fundación Medellín.
En términos más simples, cuando una persona padece insomnio crónico —una condición que afecta a cerca del 10% de la población mundial— su cuerpo no alcanza las etapas profundas del sueño que permiten recuperarse física y mentalmente. Con el tiempo, esto puede generar mayor inflamación en el organismo, alteraciones en las hormonas que regulan el apetito y el azúcar en la sangre, así como problemas de memoria, concentración y rendimiento diario. En la apnea obstructiva del sueño, las pausas repetidas en la respiración durante la noche disminuyen el oxígeno en la sangre y obligan al corazón a trabajar bajo mayor presión. Este esfuerzo constante favorece el aumento de la presión arterial y desajusta los mecanismos que controlan el ritmo cardíaco, elevando el riesgo de complicaciones cardiovasculares.
Las cifras reflejan la magnitud del desafío, y también la oportunidad de intervenir a tiempo. En Colombia, según la Asociación Colombiana de Medicina del Sueño, cerca del 59 % de la población presenta algún trastorno del sueño y más del 40 % recurre a medicación para descansar. Frente a este panorama, la detección temprana se convierte en una herramienta clave de prevención. Identificar síntomas como ronquido intenso, pausas en la respiración, somnolencia diurna o dificultad persistente para conciliar el sueño permite actuar antes de que se agraven condiciones como la hipertensión, la diabetes o la enfermedad cardiovascular. Incorporar la evaluación del sueño en la consulta médica —especialmente en pacientes con factores de riesgo— abre la puerta a diagnósticos precisos y tratamientos personalizados que no solo mejoran la calidad de vida, sino que también contribuyen a un mejor control y pronóstico de estas enfermedades.
A nivel institucional, la cantidad de pacientes que requieren un diagnóstico oportuno confirman esta realidad. Entre el 2023 y 2025, el Hospital San Vicente Fundación Medellín atendió 3.231 personas por trastornos del sueño; 372 de ellas requirieron hospitalización y 21 consultaron por urgencias, mientras miles más fueron valoradas en consulta externa y en el laboratorio especializado. Estos datos evidencian que las alteraciones del sueño son cada vez más frecuentes y que su atención oportuna resulta clave para evitar complicaciones mayores en la salud cardiovascular y metabólica.
“En el Hospital San Vicente Fundación Medellín contamos con un equipo multidisciplinario dedicado al diagnóstico oportuno de los trastornos del sueño. Nuestro Laboratorio del Sueño y Neurofisiología funciona las 24 horas y realiza estudios de polisomnografía en adultos y población neonatal, lo que nos permite registrar la actividad cerebral, los niveles de oxígeno y la función cardíaca y respiratoria mientras el paciente duerme, e identificar con precisión alteraciones como la apnea o el insomnio. Detectar y tratar estos trastornos de forma oportuna no solo mejora la calidad del descanso, sino que contribuye a prevenir y controlar enfermedades crónicas como la hipertensión, la diabetes y la enfermedad cardiovascular. Más allá de la tecnología y la experiencia clínica, nuestro compromiso es promover el sueño como una verdadera estrategia de salud pública”, agregó la doctora Valderrama.
En medio de rutinas marcadas por el estrés, jornadas extensas y el uso prolongado de pantallas, que han reducido de forma progresiva las horas de descanso, los especialistas insisten en que dormir entre seis y ocho horas —y hacerlo con calidad en cada una de las fases del sueño— no es un lujo, sino una necesidad biológica. El Día Mundial del Sueño plantea, en ese sentido, una invitación a revisar hábitos cotidianos y a entender que detrás de un ronquido persistente, de la fatiga constante o de noches fragmentadas puede existir un factor silencioso que, con el tiempo, incrementa el riesgo de enfermedades crónicas como hipertensión, diabetes, arritmias o accidente cerebrovascular.
En esta conmemoración, el Servicio de Laboratorio del Sueño y Neurofisiología del Hospital San Vicente Fundación Medellín hace un llamado a no normalizar la falta de descanso y a consultar ante síntomas persistentes. Dormir bien no solo impacta el estado de ánimo y el rendimiento diario, sino que puede convertirse en una herramienta decisiva para prevenir enfermedades crónicas y proteger la salud a largo plazo.