Es una enfermedad en la que los huesos pierden fuerza y se vuelven más frágiles. Como consecuencia, el esqueleto se vuelve más frágil y puede fracturarse con una caída desde la propia altura, un golpe leve o, en casos avanzados, con esfuerzos cotidianos como agacharse, levantar un objeto o toser. Las fracturas por fragilidad aparecen con mayor frecuencia en la cadera, las vértebras y la muñeca.
¿A quién afecta?
Se presenta con mayor frecuencia a medida que envejecemos, el riesgo aumenta especialmente después de los 65 años y aunque es más común en las mujeres después de la menopausia, también afecta a los hombres y puede presentarse en personas jóvenes cuando existen enfermedades o tratamientos que aceleran la pérdida ósea.
Influye la edad avanzada, antecedentes familiares de fractura de cadera, bajo peso, sedentarismo, tabaquismo, consumo excesivo de alcohol, alimentación deficiente, caídas repetidas y una fractura previa. También aumentan el riesgo enfermedades como: artritis reumatoide, enfermedad celíaca, trastornos tiroideos y paratiroideos, malabsorción, y el uso prolongado de ciertos medicamentos, en particular glucocorticoides (nunca suspenda un medicamento por su cuenta: pida a su médico que valore su efecto sobre el hueso).
Síntomas y señales de alarma
La osteoporosis se conoce como una «enfermedad silenciosa» porque la pérdida de hueso no suele causar dolor ni síntomas. Muchas personas descubren que la tienen después de su primera fractura.
¿Cuándo pensar en osteoporosis?
Fractura después de una caída leve o de un esfuerzo que normalmente no rompería un hueso.
Dolor fuerte e intenso en la espalda, sobre todo si aparece sin un traumatismo importante.
Pérdida progresiva de estatura, espalda encorvada o cambio reciente de postura.
Antecedente de fractura de cadera, muñeca o vértebras.
Una fractura por fragilidad debe motivar evaluación y tratamiento para prevenir la siguiente.
Cuidado y prevención
La prevención comienza desde la juventud, pero sigue siendo útil a cualquier edad. El objetivo es conservar la fuerza del hueso, mantener músculos y equilibrio y disminuir la posibilidad de caídas.
Manténgase físicamente activo: Combine ejercicios como caminar, subir escaleras o bailar, con fortalecimiento muscular tres o más días por semana y actividades de equilibrio. Si tiene osteoporosis, fracturas, dolor o dificultad para caminar, solicite un plan de fisioterapia o rehabilitación; el alto impacto, las flexiones profundas o los giros bruscos pueden no ser apropiados.
Cuide la alimentación: Consume proteína y alimentos ricos en calcio: leche, yogur, queso, bebidas vegetales fortificadas, sardinas con espina, tofu, almendras, ajonjolí y brócoli. La vitamina D ayuda a absorber el calcio y se obtiene del sol, alimentos fortificados, pescados grasos y, cuando está indicado, suplementos. Evite automedicarse, las necesidades son individuales y el exceso puede causar efectos adversos.
Proteja sus huesos y revise sus hábitos: No fume, limite el alcohol (los episodios de embriaguez tienden a aumentar las caídas). Mantenga un peso saludable, evite dietas restrictivas y revise con su médico los medicamentos que producen sueño, mareo, baja presión o pérdida de hueso.
Prevenga las caídas en casa: Retire tapetes, cables y objetos de las zonas de paso, mantenga pisos secos y use buena iluminación, especialmente en escaleras y durante la noche. Instale pasamanos; utilice calzado cerrado, firme y antideslizante. Revise periódicamente la visión y la audición y use bastón o caminador si se lo han indicado.
Si ya tiene diagnóstico
Cumpla el tratamiento y no lo interrumpa sin consultar: algunos medicamentos requieren una estrategia específica al suspenderlos. Asista a los controles, informe problemas dentales o efectos adversos y pregunte cuándo repetir la densitometría. El tratamiento funciona mejor junto con ejercicio seguro, buena nutrición y prevención de caídas.
Con evaluación oportuna, hábitos saludables y tratamiento cuando está indicado, es posible conservar la movilidad y la independencia.