Ataque cerebrovascular: patología tiempo dependiente, debemos actuar con velocidad

El ataque cerebrovascular (AVC), es uno de los problemas más importantes de salud pública en el mundo, por implicaciones económicas, sociales y de salud; es la tercera causa de muerte a nivel mundial, la primera causa de discapacidad en el adulto y la segunda causa de demencia.  

El ACV comprende un grupo de síntomas y signos secundarios a una lesión del cerebro (generalmente focal, transitoria o permanente), originado por la alteración del flujo sanguíneo cerebral el cual debe ser confirmado por imagen cerebral ya sea por TAC (tomografía axial computarizada) o resonancia cerebral; se divide en isquémica y hemorrágica. El ACV isquémico incluye el infarto cerebral y la isquemia cerebral transitoria (AIT). En el ACV hemorrágico están incluidas la hemorragia intraparenquimatosa, hemorragia subaranoidea espontánea, hematoma dural y epidural. Otra entidad que hace parte del ACV es la trombosis de senos venosos y venas cerebrales. 

La clasificación rápida del ACV permite predecir, identificar y modificar los procesos fisiopatológicos con el objetivo de reducir la lesión en la fase aguda y el riesgo de recurrencia, planear las medidas de soporte inmediato para el paciente, solicitar los estudios paraclínicos adecuados y a largo plazo, su programa de rehabilitación.

En el ACV isquémico, existe oclusión de un vaso cerebral con la consecuente obstrucción del flujo sanguíneo cerebral (FSC); se desencadena una cascada de eventos bioquímicos que inicia con la pérdida de energía y que termina en muerte neuronal. Después de la oclusión, el núcleo central o core se rodea por un área de disfunción causada por alteraciones metabólicas e iónicas, con integridad estructural conservada, a lo que se denomina “penumbra isquémica”, la cual podemos aún rescatar si actuamos a tiempo. La isquemia cerebral es un fenómeno dinámico y complejo, que se produce de manera abrupta, sin embargo, las alteraciones moleculares que se producen en las células ocurren de manera secuencial a lo largo de un tiempo que depende de la gravedad de la isquemia, de que ésta sea permanente o transitoria y de que se apliquen medidas terapéuticas dirigidas a proteger el tejido afectado.

La rápida evaluación y tratamiento de un paciente determinará los resultados; se ha demostrado que cada 30 minutos en el retraso de la reperfusión aguda conlleva a la disminución del 10% de la probabilidad de un buen resultado.  

La respuesta rápida a la valoración inicial y adecuado abordaje del paciente con ACV agudo, son prioritarias y debe mantenerse un alto grado de atención para agilizar todo el proceso que culmine con la terapia de revascularización en los tiempos recomendados por las guías clínicas actualesPara pacientes con AVC isquémico candidatos a la administración de trombólisis intravenosa, se deberá comenzar el tratamiento con rTPA (activador tisular de plaminógeno recombinante) en menos de 60 minutos de su llegada al servicio de urgencias.

La oclusión del vaso proximal, trombo largo, alta carga de coágulos y ausencia de permeabilidad al trombo, son predictores en la angiotomografía de baja recanalización después de la trombólisis IV, y por lo tanto, se deben de tener en cuenta para tratamiento endovascular temprano. Adicionalmente la buena circulación colateral es asociada con menor volumen de infarto final y mejor resultado funcional y también puede utilizarse para seleccionar pacientes candidatos para terapia endovascular.  

La selección de pacientes con ACV isquémico agudo para revascularización basada en información fisiológica, cambia el concepto de un tratamiento rígido basado en el tiempo para uno más flexible y con enfoque individualizado, basado en el tejido rescatable, optimizando la selección del paciente y pudiendo aumentar la proporción de pacientes susceptibles de tratamiento. 

Durante un ataque cerebrovascular mueren cerca de 2 millones de neuronas en un minuto alrededor de 32.000 neuronas en un segundo, por lo cual cada segunda cuenta para ayudar a evitar el daño y mejorar la funcionalidad de nuestro paciente.

¡Tiempo es cerebro, actúe con velocidad!

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