Prediabetes y diabetes mellitus
La glucosa es una de las principales fuentes de energía que utiliza nuestro cuerpo para funcionar. Los carbohidratos son transformados por el organismo en glucosa y la insulina es una hormona que ayuda a que esa glucosa entre a las células y sea utilizada como energía.
La diabetes mellitus es una enfermedad en la que al cuerpo se le dificulta mantener los niveles de glucosa en la sangre dentro de los valores normales. Ocurre porque el organismo no produce suficiente insulina, porque la insulina no funciona adecuadamente o por ambas razones. Como resultado, la glucosa se acumula en la sangre y aumenta sus niveles.
La prediabetes ocurre cuando la glucosa está por encima de lo normal, pero no alcanza los valores de diabetes, detectarla a tiempo permite realizar cambios que disminuyen el riesgo de desarrollar diabetes mellitus tipo 2.
¿Qué tipos de diabetes existen?
La tipo 1 ocurre cuando el sistema de defensa del cuerpo destruye las células que producen insulina. La diabetes tipo 2, aparece cuando el cuerpo no utiliza adecuadamente la insulina y, con el tiempo, puede producir menos. También existen otros tipos asociados con enfermedades del páncreas, otras enfermedades endocrinas, factores hereditarios o medicamentos, y la diabetes gestacional, que aparece durante el embarazo.
¿Cómo se diagnostican?
El diagnóstico se realiza mediante pruebas de sangre. Se considera diabetes mellitus cuando se encuentra: glucosa en ayunas de 126 mg/dL o más; glucosa de 200 mg/dL o más a las 2 horas de una prueba con 75 g de glucosa; hemoglobina glicada “glicosilada” (HbA1c) de 6,5 % o más; o glucosa de 200 mg/dL o más en cualquier momento del día si existen síntomas típicos de glucosa alta o crisis hiperglucémica. Por su parte, se considera prediabetes cuando la glucosa en ayunas está entre 100 y 125 mg/dL, la glucosa a las 2 horas de la prueba con 75 g está entre 140 y 199 mg/dL, o la HbA1c está entre 5,7 % y 6,4 %.
Se recomienda iniciar la tamización a partir de los 35 años, aunque no existan síntomas. Si los resultados son normales, las pruebas deben repetirse al menos cada 3 años, o antes si cambian los factores de riesgo.
Existen otras situaciones que pueden aumentar el riesgo de desarrollar diabetes, como tener infección por VIH, enfermedad de las encías, haber tenido inflamación del páncreas (pancreatitis) o utilizar algunos medicamentos, como ciertos diuréticos (tiazidas) y corticoides.
Alimentación en la prediabetes y la diabetes
Una alimentación adecuada ayuda a controlar los niveles de glucosa, mantener un peso saludable y disminuir el riesgo de complicaciones cardiovasculares.
Una estrategia sencilla para organizar las comidas, es el método del plato como orientación general, puede dividirse el plato de la siguiente manera:
½ del plato: verduras, preferiblemente no feculentas (sin almidón).
¼ del plato: proteína, como pescado, pollo, huevo o carnes magras.
¼ del plato: carbohidratos, como arroz, papa, yuca, plátano, pasta, maíz, arepa o leguminosas, de acuerdo con las necesidades individuales.
La comida puede complementarse con una porción de fruta entera y agua.
Esta herramienta no reemplaza la valoración nutricional individual, especialmente en personas que utilizan insulina u otros medicamentos que pueden producir hipoglucemia. Además, la alimentación debe acompañarse de actividad física, tratamiento médico y controles periódicos.
Si la diabetes no se detecta y controla adecuadamente, puede afectar los ojos, los riñones, los nervios y la circulación, aumentando el riesgo de pérdida de la visión, enfermedad renal, heridas y amputaciones. También aumenta el riesgo de infarto agudo del miocardio y accidente cerebrovascular.
Recuerda que la diabetes puede avanzar sin producir síntomas, pero detectarla y tratarla oportunamente reduce el riesgo de complicaciones. Si tienes 35 años o más, factores de riesgo o antecedente de prediabetes o diabetes gestacional, consulta con tu equipo de salud sobre la frecuencia adecuada de sus controles.


